Temas en Amor y pedagogía



Tema principal: relación entre el amor y la pedagogía.

En el libro aparecen amor y pedagogía como conceptos incompatibles por parte de don Avito, que pretende convertir a su hijo, Apolodoro, en un genio mediante la pedagogía o más concretamente de forma científico - pedagógica, objetivamente y siguiendo unas pautas concretas; esto se ve interrumpido por el amor (afecto, cariño…) que le da su madre, Marina.

Don Avito, un hombre que vive por y para la ciencia, decide casarse y tener un hijo, el cual se convierte en un proyecto o experimento científico para la creación de un genio. Empieza buscando una mujer que tenga unas características, que según él son necesarias para que el futuro proyecto tenga éxito: caracteres antropológicos, fisiológicos, psíquicos y sociológicos.

Y tales caracteres en ninguna encarnan mejor que en Leoncia Carbajosa, sólida muchacha, dólico – rubia, de color sano, amplias caderas, turgente y levantado pecho, mirar tranquilo, buen apetito y mejores fuerzas digestivas, instrucción variada, pensar libre de nieblas mística, voz de contralto y regular dote.”

En esta cita vemos reflejado cómo don Avito ya utiliza su pedagogía desde un principio para escoger a la mujer ideal, pero al final puede más el corazón que la razón y acaba enamorándose de Marina, amiga de Leoncia. Esto es un claro ejemplo de cómo las ideas pedagógicas de Avito se quedan a un lado para dejar paso al amor. Durante el transcurso de la obra veremos en muchas ocasiones cómo don Avito (su subconsciente) se da cuenta de que el amor es más fuerte que la ciencia, y cómo está interrumpiendo su proyecto pedagógico de crear un genio.

“ Que caes, Avito, que caes...que la ciencia marra...”
“ Caíste, y como tú caíste, caerá él, y caerán todos y estaréis cayendo sin cesar.”

Pero el final de esa lucha entre el amor y la razón (pedagogía) se ve protagonizado por la muerte de Apolodoro, cuando se suicida dejando atrás una vida llena de confusión causada por las ideas de su padre, su madre, don Fulgencio, Menaguti y el amor que sentía por Clarita y que no fue correspondido. Y así se ve vencida la razón, la ciencia, la forma, lo correcto; por los sentimientos, la materia, lo subjetivo, el amor.

Al oírlo se levanta la Materia, y yéndose a la Forma le coge de la cabeza, se la aprieta entre las manos convulsas, le besa en la ya ardorosa frente y le grita des de el corazón: «¡Hijo mio!».
-¡Madre!- gimió des de sus honduras insondables el pobre pedagogo, y cayó desfallecido en brazos de la mujer.
El amor había vencido”.



SUBTEMAS

Educación moral: don Avito intenta educar a Apolodoro inculcándole sus propias creencias y su pedagogía sociológica.

Don Avito empieza su proyecto educativo des de la gestación haciendo que Marina vaya a la ópera, para que Apolodoro nazca con conocimientos sobre la música, al museo para que se empape de arte, le lee la biografía de Newton para que Apolodoro sea un gran hombre.


Se preocupa por su alimentación, procura que coma todos los alimentos necesarios para que el niño nazca sano, fuerte e inteligente.

“ Ahora tienes que comer más con la reflexión que con el instinto, más con la cabeza que con la boca... Vamos, un poco más de alubias, alimento fosforado..., fósforo, fósforo, mucho fósforo es lo que necesita...


Cuando Apolodoro ya ha nacido y tiene edad para ir al colegio, don Avito se da cuenta de que la forma educativa no es adecuada y no concuerda con sus ideas, de tal manera que decide educarlo él mismo haciendo observar que ocurre a su alrededor y sacando su propias conclusiones, utilizando así el método científico.

”- Mira, Apolodoro- suelta la piedra-, ¿por qué cae?

Y como el chico le mira silencioso, repite:
-¿ Por qué cae y no sube cuando la suelto?
- Si fuera un globo...
- Pero no lo es... Vamos, ¿por qué cae?

- Porque pesa.
- ¡Ahahá! ¡Ya estamos en camino! Porque pesa...”



La importancia de la ciencia: es la base de toda la obra y se toma como un modo de vida para don Avito que vive por y para la ciencia.

La inculcación de lo científico empieza con la gestación del niño, la cual se basa en poner en práctica diferentes métodos estudiados por Avito, como si de un experimento se tratara y esperando de estos un logro para la ciencia. Don Avito para la educación de Apolodoro utiliza métodos científicos, como por ejemplo, el etiquetado de los productos hogareños.

“ Y esos extraños vasos, graduados, y con sus rótulos H2O, y el salero con su ClNa, y ese retrete de báscula, y...¡ qué mundo, Dios mío, qué mundo!”

Desde antes de que Apolodoro nazca, el padre pone un ladrillo con la palabra ciencia en su casa, de tal manera que espera que el niño, desde bien pequeño tenga sus preguntas científicas y sepa resolverlas.

"- Papá, ¿para qué es este ladrillo en que dice <<Ciencia>> y la ruedecita de encima?
¡ Gracias a Dios, hijo, gracias a Dios! - [...]
¡Al fin te fijaste en ello! Hace tiempo que lo esperaba. “


Y por último, también don Avito pide ayuda a don Fulgencio para educar a Apolodoro, y éste persuade a Carrascal para que le envíe a la escuela, pero fracasa, y don Avito decide educarlo por su cuenta, sumergiéndolo en un mundo aislado, sin apoyos que le faciliten una relación con el mundo real, haciendo que el niño sea distinto a todos los demás, y facilitando a que cada día sean más probables los fallos en la educación que recibe.

"¡Oh, no, no, esto es anticientífico, tengo que imponerme...hora es ya de aplicar mis principios! "

La religión: ésta serií similar a los sentimientos, es otra de las barreras que encuentra Avito para la educación de Apolodoro.


La religión se basa en creencias, es indemostrable y por eso Avito, puro seguidor de la ciencia, pone en duda la utilidad de la religión en la educación de su hijo.

En el libro encontramos dos personajes que influyen en el aprendizaje de Apolodoro de una forma más o menos religiosa: Marina y Don Fulgencio, poniendo como personaje principal sobre este acto a Marina, su madre. Ésta es una mujer con creencias propias de la época, tradicional, conservadora y que no cree en que todos los planes de su marido vayan a dar fruto, así que envuelve a Apolodoro en un entorno religioso y afectuosos cuando Avito no está presente.
Uno de los dilemas entre ciencia o religión aparece a la hora de ponerle nombre al futuro genio, el cual debe llevar un nombre griego, ya que la lengua griega es la de la ciencia. Don Fulgencio facilita algunos nombres a Don Avito, entre los cuales se encuentra Teodoro (don de Dios) y Apolodoro (don de Apolo), nombres claramente religiosos, de los cuales solo uno agrada a Avito. Apolodoro es el nombre escogido después de dar vueltas y vueltas sobre si ese niño nombre seria identificado como una deidad pagana y sobre si la gente podría pensar que Avito creía mínimamente en Dios.
Pero por otra lado, Marina, bautiza a Apolodoro sin el consentimiento de su marido, y le bautiza con el nombre de Luis, su Luis. Más tarde enseña a rezar al niño, en esos ratos libres en que la ciencia se marcha para dejar paso al amor, el afecto, y la religión.
Aunque Avito se muestre contrario a todo lo relacionado con Dios, lo subjetivo, lo indemostrable, deja a veces todo eso interfiera en la educación de Apolodoro, ya que don Fulgencio, filósofo que parece creer en Dios, le da consejos sobre cómo educar a su hijo e incluso lleva a Apolodoro a su casa cuando es más mayor.

“- Para devolvérselo a Dios en orden, con un inventario razonado de lo existente…
- A Dios…, a Dios… -murmura Carrascal.
- ¡ A Dios, sí, a Dios! –repite don Fulgencio con enigmática sonrisa.
- ¿Pero es que ahora cree usted en Dios? –pregunta con alarma el otro.
- Mientras Él crea en mí…”


Pero por suerte o por desgracia, siempre está el subconsciente de Avito, ese subconsciente totalmente científico y pedagógico que no admite sentimiento alguno y que le recuerda cuando se desvía del camino, cuando su proyecto se va a pique.

“ - ¡Gracias a Dios, hijo, gracias a Dios! – y mientras al demonio familiar que le susurra: << ¿A Dios?, ¿a Dios, Avito?, ¿a Dios? Caíste, caíste, y seguirás cayendo >>”

La misoginia de don Fulgencio y don Avito: ven únicamente al hombre como el posible genio, discriminando así a la mujer.

“el genio debe ser por fuerza masculino"

La mujer, según don Avito, tiene el único fin de parir hombres y para tal fin hay que educarla. Define a la mujer como la materia, la tradición, la naturaleza, el instinto, no puede ser culta ya que no tiene la capacidad; por el contrario el hombre es la forma, el progreso, la razón, sólo él puede ser el futuro genio. La mujer nace y el hombre se hace, esa es su ideología y la que parece ser también de don Fulgencio, aunque a la práctica no se refleja.

"- Como no parimos, exagera los dolores del parto.
- Como discurrimos, finge discurrir...
- Es un hombre abortado...
- Es el anti-sobre-hombre."


Sin embargo, la hija, a quien ningún caso hizo, parece ser más resuelta que el hijo, educado con tanto empeño. Pero aún viéndose esto, ni él ni don Fulgencio cambiarán su opinión sobre las mujeres.

"Crece junto a Apolodoro, crece mimosa, apegada al regazo materno. Y rompe a andar y a hablar antes que a ello rompió su hermano.
- Me sorprende, don Fulgencio, la cosa; la niña parece más despierta que el niño...
- Cuanto más inferior es la especie, amigo Carrascal, antes llega a madurez; según se asciende en la escala zoológica, es más lento el desarrollo de la cría..."


Don Avito no admite su fracaso y la probabilidad de que haya estado equivocado, hasta la muerte de Apolodoro, donde se rinde a su esposa, el amor, la materia, la tradición, la naturaleza, y se da cuenta que ella tenía razón.


Libertad vs. Determinismo:
Apolodoro ha recibido lecciones desde que nació: su padre le ha proporcionado una enseñanza privada y le ha inculcado unos valores determinados. Jamás le ha preguntado si estaba de acuerdo o si prefería estudiar otra cosa. Apolodoro, entonces, se ve obligado a actuar y pensar de la manera en que su padre le enseña, a pesar de creer que no tiene sentido alguno. De esta forma, Apolodoro comenzará a darse cuenta a lo largo de la novela de que su vida está totalmente condicionada por la mentalidad de su padre, y comprenderá que a la hora de tomar decisiones no toma las que quiere, sino las que están de acuerdo con las enseñanzas morales y pedagógicas que su padre le da.

Es casi al final de la obra cuando Apolodoro entiende que él es sólo un producto: no es quien quiere ser, sino que es lo que su padre y su maestro filósofo han hecho con él: ha estado determinado desde el momento en que nació a ser un niño perfecto, en definitiva, un genio.
Este determinismo también lo vemos reflejado en la “teoría de la morcilla” de don Fulgencio. Ésta dice que los seres humanos tan solo seguimos un guión que ha estado escrito previamente, según el filósofo, por un “dios-dramaturgo”. Es decir, que desde que nacemos estamos condicionados a vivir de una manera concreta. Y dice el filósofo que para salir de ese determinismo y ser alguien individual, tan sólo hace falta decir o hacer algo (lo que el llama una “morcilla”) que no esté en el guión, es decir, romper las reglas para ser una persona única.

Conflicto de personalidad (Apolodoro): Desde su nacimiento, Apolodoro ha sido tratado como un “experimento” por su padre y como un niño mimado por su madre. Por lo tanto, caminará entre dos mentalidades y dos valores totalmente contrapuestos. Por ejemplo, vive momentos en que su madre le besa y le abraza diciéndole que es su niño querido, y ratos después su padre le da frías respuestas a sus grandes dudas o a sus comentarios.

Para comprobar la división que sufre entre el mundo de la pedagogía y el del amor, es necesario ver que tiene incluso dos nombres: Apolodoro, nombre griego y de buen sonar, y Luis o Luisito, nombre afectivo que utiliza su madre, a espaldas de su padre.
Pero todo esto provoca en el futuro genio una cierta desestabilidad, sin infancia feliz y sin mucho amor por parte de su padre, no le han dado la oportunidad de que creciera como un chico normal, de vivir su vida sin preocuparse por la opinión de su padre, teniendo como única meta ser un genio.
Como ya era de esperar, Apolodoro no consigue ser un genio y es más, no consigue soportar la vida que lleva hasta que al final se suicida.


Inmortalidad: Uno de los temas que aparecen en “amor y pedagogía” es la inmortalidad. Según Don Fulgencio para el ser humano solo hay dos formas de pasar a la posteridad. La primera es el erostratismo, palabra procedente de Eróstrato, ciudadano efesio que incendió el templo de Ártemis es Éfeso para conseguir la fama que lo inmortalizó. De modo que el erostratismo es la manera de conseguir la fama eterna haciendo algo aunque no sea moralmente correcto. Don Fulgencio anhela esa inmortalidad, que intenta lograr a partir de sus obras, su extravagancia, su legado, ya que no tiene hijos:

Aquí me tienes, Apolodoro aquí me tienes, tragándome mis penas, procurando llamar la atención de cualquier modo. Haciéndome el extravagante. Aquí me tienes meditando en la eternidad día y noche, en la inasequible eternidad, y sin hijos...
La segunda manera de conseguir la inmortalidad según Don Fulgencio es teniendo hijos, porque de esta manera ellos heredarán los genes de sus padres y así sucesivamente, los genes pervivirán de generación en generación. Ilustra este proceso con la ley de conservación de energía: “nada se pierde, ni materia, ni fuerza, ni movimiento, ni forma.”




BIBLIOGRAFÍA



Amor y pedagogía. Miguel de Unamuno. Alianza Editorial.
http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Unamuno



Laia Ramírez
Natalia Dyke
Mireia Ródenas
Elisabet Llamas Boto
Mireia Bertran Abelaira
Carla Monfort Anglada
Marta Torrejón García