Argumento de la obra


Capítulo I

Avito Carrascal vive para hacer entender que el instinto se puede enderezar y formar un genio a partir de la ciencia. Por ello, empieza a explicar cómo las abejas hacen a su reina, cogen un huevo de hembra cualquiera y mediante un trato especial, un régimen de distinción y alimentadola con pasta real o regia mediante una pedagogía abejil se hace a la reina. Así es como Avito Carrascal decide hacer un genio aplicando su teoría.

Don Avito decide hacerse padre y comienza a buscar una mujer (la materia) para su obra, tener un hijo al cual aplicar su pedagogía sociológica y hacer de él un genio. Va a casarse deductivamente, es decir, busca a la mujer perfecta. Carrascal cree en la ley de la herencia y, por lo tanto, la busca basándose en su temperamento, su manera de ser y su carácter. A partir de estos rasgos, su futuro matrimonio deductivolo unirà a Leoncia Carbajosa y empieza a redactar una carta de declaración.
Avito se encuentra en casa de Leoncia con Marina del Valle, de la que se enamora y a quien decide entregar su carta de declaración, a la que ella responde con otra carta.

Capítulo II

Avito y Marina se casan. Ella se queda embarazada. Avito decide alimentar a su mujer a base de alubias, ya que contienen mucho fósforo, necesario para estimular la inteligencia del futuro genio, leerle biografías de grandes hombres y llevarla al museo y a la ópera. Un día, Marina se encuentra mal y Avito cree que el parto se ha adelantado. Llama a un médico, pero sólo resulta ser una indigestión de alubias. El amor vuelve a ganar a la pedagogía y gracias a ello, Marina consigue dejar de comerlas y de ir a la ópera, pero aun así sigue escuchando música en casa, aunque no por mucho tiempo. Marina da a luz mediante un parto natural porque Don Avito no quiere cloroformo, ya que lo considera cosa de judíos. Cuando nace el niño, Carrascal enseguida lo pesa y lo lleva a una bañera especial para calcular su volumen y poder, con estas dos magnitudes, deducir la densidad nativa del genio. Por último, lo mide de la cabeza a los pies.


Capítulo III

Llega la hora de dar un nombre al futuro gran genio. Lo primero que piensa Don Avito es que debe llevar uno que le determine, a ser posible de procedencia griega, sonoro y significativo. Así, tiene en consideración algunos nombres que el filósofo Don Fulgencio le había aconsejado. Entre ellos, le llama la atención Apolodoro. Aunque le molesta que derive de Apolo, un dios griego, don Avito quiere aprovechar la letra A inicial, para que en un futuro le sirvan al pequeño su mismo baúl y sus mismos cubiertos.

Carrascal pone en marcha rápidamente su proyecto de hacer de Apolodoro un genio, y se muestra meticuloso ante sus disparatadas pruebas y teorías. No deja de preguntarle a Marina si se siente débil, si tiene suficiente leche, e incluso manda que la analizen químicamente y con microscopio. Ve un inconveniente: el tener que darle el pecho al niño, ya que es demasiado natural y la naturaleza comete errores, así que prefiere el biberón. Tampoco le gusta la manera como envuelve Marina al niño, y un sinfín de objeciones más.

Don Avito siente que su autoridad se está perdiendo al averiguar que su mujer ha llevado a bautizar a su hijo con el nombre de Luis sin consultárselo. Es tan grande su enfado que la insulta bruscamente, haciendo que ésta rompa a llorar, pero enseguida se deja llevar por los sentimientos que su mujer le provoca y la besa. Marina consigue que su marido la deje hacer mientras no interfiera en su creación.

Carrascal sigue con sus experimentos: pincha al niño con una aguja para estudiar los actos reflejos, le pone una vela ante los ojos para observar si la sigue con ellos, hace ruido para llamarle la atención, etc. Así, día tras día, Apolodoro va aprendiendo a ser un futuro “gran genio".


Capítulo IV

Se nos presenta Don Fulgencio Entrambosmares, el futuro educador de Apolodoro. Éste es un filósofo fracasado que quiere que le entierren con su gran obra, el Ars magna combinatoria, en la que trabaja continuamente esperando que la descubran dentro de unos siglos, cuando el hombre sea digno de leerla. En ella, hace una serie de combinaciones disparatadas y contradictorias.

Mediante una conversación con Carrascal, Don Fulgencio nos declara que, según él, el fin del hombre es la ciencia, y el de la ciencia es catalogar el Universo para devolvérselo a Dios en orden. También piensa que la vida es una tragicomedia y que Dios, representado como el Apuntador, lo determina todo como si nosotros fuéramos sus marionetas.
Se nos habla de la teoría de la morcilla, que representa todo aquello que es improvisado por un actor en la obra que está representando y que no está dentro del papel, es decir, los momentos imprevistos de la vida.


Capitulo V

Cuando Apolodoro deja la lactancia, Avito le establece una dieta muy estricta a base de fósforo para el crecimiento de su cerebro e inteligencia. Poco tiempo después el niño empieza a andar. Su primera palabra es “Gogo”, que Don Avito relaciona con “deseo”. Por esta razón decide ir a visitar a Don Fulgencio y éste le explica una historia del antiguo Egipto basada en la crianza de unos niños sin contacto social. El hecho de que la primera palabra sea "Gogo" incita a Don Avito a echarle la culpa a Marina por la “imperfección” de su hijo. Marina, a escondidas de su marido, da cariño y amor a su Luís. Poco después se queda nuevamente embarazada, esta vez de una niña: Rosita.

Apolodoro, incitado por los reclutadores del ejercito, explica a su padre que en un futuro no quiere ser un genio científico, sino que quiere ser general, pero su padre se opone insistentamente a esta decisión.

Capítulo VI

Avito muestra su desacuerdo con la educación que está recibiendo su hijo en la escuela, mientras éste recibe burlas a causa de su nombre. A pesar de ello, Avito le enseña que no se tiene que pelear con nadie, sino que tiene que huir para que no le hagan daño.

Carrascal quiere que su hijo aprenda dibujo ya que muchos genios pintaban, así que lo inscribe a clases de arte y lo lleva al museo de historia natural para enseñarle la naturaleza e inteligencia del hombre y de algunas especies “superiores”, pero Apolodoro solo se queda impresionado por la fuerza o los colmillos grandes de algunos de los animales, como es natural a su edad. Carrascal va a ver a su amigo Don Fulgencio, futuro maestro del niño, y éste le pide que deje al genio leer novelas y le prive de tantos libros científicos, que ya se le educará más adelante. Apolodoro revela a su padre que él no es el niño más listo de su clase sino que es Joaquín. El padre, frustrado, lo lleva a la policlínica del doctor Herrero para que vea cómo trabaja un médico. Apolodoro ve cómo experimenta con un conejito, pero lo único que consigue Avito es que su hijo sienta lástima por el animal.

Capítulo VII

Avito se muestra indiferente con el nacimiento de su hija Rosita y mantiene las distancias. Esta despreocupación que aparece al nacer la niña se ve reflejada en la actitud que muestra su padre respecto a la elección de su nombre y al futuro trato que recibirá la pequeña. De este modo, Don Avito permite a su mujer hacerse cargo de Rosa, pero sigue insistiendo en el hecho de que por representar la naturaleza debe ser educada por el hombre. Por esos motivos, Rosa crece envuelta de amor materno y libertad, a diferencia de su hermano, el futuro genio, el cual recibe muestras de afecto clandestinas debido a la presión paterna.

El amigo de Carrascal, Don Fulgencio, presenta contradicciones en su ideología y en su comportamiento frente a la mujer, ya que se muestra como un personaje sumiso a su mujer aunque ratifica que sólo sirven para dar a luz.

Capítulo VIII

Se establece el primer contacto físico entre Apolodoro y Don Fulgencio. El encuentro se debe al hecho de que ya ha pasado un tiempo y el maestro de Apolodoro cree oportuno iniciar su instrucción. Don Fulgencio introduce el concepto del sentido común, que según él no coincide con la popular definición de “el sentido común es el más común de los sentidos”. También nos habla de la “Hechologia”, la que considera que aplica mal el sentido común de los hechos, ya que todo lo que nos rodea son hechos. Asímismo, el maestro da especial importancia a la identidad de Apolodoro, es decir, insiste en que el joven sea él mismo y pueda crear una identidad propia que pueda ser reconocida por las personas de su entorno.

Capítulo IX

Apolodoro empieza a mostrar interés por la literatura y a leer las obras prestadas por un amigo, Menaguti, antes de ir a dominar. Llega a comparar el sueño con la muerte y se pregunta si tendrán alguna semejanza. También reflexiona sobre temas que le inquietan, como el de las mujeres. Sus sentimientos son confusos pero se puede decir que Apolodoro está enamorado de Clarita. Don Avito, por su parte, se queda perplejo frente al interés de su hijo hacia la literatura, ya que en más de una ocasión lo sorprende con libros o grabados. Es Marina la que hace ver a su marido que su hijo está enamorado y, frente a este hecho imprevisto, Avito se encuentra desconcertado. Este descubrimiento le lleva a acudir a Don Fulgencio que lo único que hace es aumentar su desconcierto, pues le explica las dos formas de amor que según él existen, el abstracto y el concreto.

Capítulo X

Apolodoro se halla inmerso en la atracción que siente por Clarita y todo lo que le sucede o vive está alrededor del amor y la pasión que siente por la chica. Consigue que ella acepte ser su novia y que su hermano sea su amigo y cómplice. Por otro lado, el padre de la chica parece no enterarse de lo que está ocurriendo, mientras que Avito sospecha que algo le está pasando a su hijo, pero no sabe bien qué.

Capítulo XI

Federico, pretendiente de Clara, explica a Apolodoro que una chica es bonita mientras no es poseída por ningún hombre, pero a la vez sigue queriendo conquistar a Clarita. No piensa respetar el hecho de que ellos ya hayan iniciado una relación y cree que la chica ha de decidir a quién quiere más, si a Apolodoro o a Federico.

Capítulo XII

Clara no sabe qué hacer con los dos pretendientes. Les ve virtudes y defectos a los dos y, ante la duda, no da esperanzas a ninguno y espera que sean ellos los que arreglen el problema. La madre de Clara le aconseja que se decida y que deje de dar tantos rodeos. Mientras se decide, a Apolodoro le publican la novela, pero no tiene buenas críticas y esto lo desanima y alienta a Clarita a dejarlo, como acabará sucediendo.

Capítulo XIII

Clarita se ve incitada por Federico a escribirle una carta a Apolodoro comunicándole lo inevitable: lo deja por Federico. Apolodoro, destrozado, se encuentra errando bajo la lluvia, en un intento desesperado de mitigar su dolor. Sufre a la vez el fracaso de su publicación literaria y también el fracaso de su amor por Clarita. Hallándose en este estado se encuentra con Menaguti, quien al saber sus penas, le incita a provocar a Federico ya que, según él, debe "matarle o matarse". Mientras Aplolodoro reflexiona sobre estas palabras, tropieza con Federico, y aunque intenta provocarle, tal y como le ha dicho Menaguti, no es capaz de conseguirlo. Al final resulta humillado por Federico, el cual, utilizando palabras compasivas, se deshace de él y se va.

Decide visitar a Don Fulgencio y se desahoga con él. Todos están contra él, ya que es un producto, una creación de su padre y de Don Fulgencio, un genio fracasado, y ésto le hace terriblemente desgraciado. Don Fulgencio, al verlo tan desdichado, se sincera. Según él, que sigue la teoría del erostratismo, vivir es anhelar la vida eterna, como no creemos en la inmortalidad del alma, soñamos en dejar un nombre, en vivir en las memorias ajenas. Los que tengan descendencia renacerán; así, cuando surja el hombre-espíritu, el hombre que será todo consciencia, los que no tengan hijos, como él, se reproducirán en sus obras. Así, plantea el arte como la sed de inmortalidad.

Al salir de la casa, se encuentra Apolodoro todavía más confundido que antes. Su mente maltrecha mezcla todas las teorias en una. Decide "dimitir", matarse, puesto que se sabe incapaz de enfrentarse a Federico; pero antes, decide tener descendencia para asegurarse la inmortalidad.

Capítulo XIV

Apolodoro ve a Clarita y a Federico paseando. Comprende que la quiere ahora que ya no la tiene y, de vuelta a casa, ahuyenta a unos niños que se ríen de un epiléptico. Esta visión lo lleva a reflexionar en la fina línea que separa lo ridículo de lo sublime. Esto le conduce a meditar nuevamente en su suicidio. Apolodoro quiere "dimitir", como lo nombra él, para que su ridiculez se sublime, lo cual es una muestra de lo maltrecha que se encuentra su mente entre tantas emociones y teorías ajenas.

Una vez en su habitación, piensa en lo trastornado que está su padre y acusa a la ciencia de no hacerle feliz, mientras Avito le aclara la idea que no tenemos derecho a la felicidad propia. La conversación termina con Apolodoro culpando a su padre de destruir su felicidad.

Desesperado por su deseo de eternidad, Apolodoro se fija por primera vez en la criada de la casa, Petra.

Don Avito, convencido de la enfermedad de su hijo, lo lleva al médico. Según él, su mal es el amor, aunque Apolodoro cree que se trata de la pedagogía.
Un día, Don Avito vuelve a hablar con su hijo y le dice que es un mal genio porque ha sido engendrado en el amor. Se da por vencido cuando Apolodoro le propone hacer del amor una pedagogía y decide fijarse en Rosa, hacer la madre del genio, pero ella está muy enferma.

Capítulo XV

Apolodoro, fracasado como escritor y como novio, piensa en la manera de matarse y decide esperar a la muerte de su hermana.
Cuando finalmente Rosa muere, don Avito no muestra ningun tipo de dolor y cuenta el fenómeno de la muerte a su familia mientras los otros lloran y luego se va. Ahora, Apolodoro se siente al fin libre para llevar a cabo su plan. Esa noche, fuerza a Petra para conseguir su eternidad y a la mañana siguiente se cuelga en su habitación. La reacción de don Avito es muy distinta esta vez. Cae en brazos de Marina, llorando desesperadamente la muerte de su hijo, al que hasta entonces había considerado simplemente un prototipo de genio.


Arlet Badji
Ferran Sevillano
Núria Navarro
Sandra Sánchez
Gloria Laparra
Aina Rocosa